Salamanca, una ciudad inaccesible para 27.000 personas con discapacidad

Barreras físicas. Las calles, los establecimientos comerciales y los locales de ocio no tienen en cuenta las condiciones mínimas que requiere este colectivo

Las cerca de 27.000 personas con discapacidad que viven en Salamanca tienen que enfrentarse cada día con cientos de barreras físicas y mentales, muchas de ellas invisibles para aquellos que no tienen dificultades de movilidad. Basta con pasear por uno de los barrios de la capital para darse cuenta de los obstáculos que tienen para realizar sus tareas cotidianas, desde ir a clase a la Universidad, comprar el pan, entrar en una farmacia o sacar dinero en un banco.

Mauricio Franco, Jorge González y Felipe García tienen una discapacidad física y utilizan una silla de ruedas para desplazarse por las calles de la ciudad. Los tres comparten con TRIBUNA sus inquietudes a lo largo de un paseo por el barrio de San Bernardo y alrededores. La conclusión final: Salamanca no está preparada para ellos pese a que tienen los mismos derechos que el resto de ciudadanos. Meterse en la piel en estas circunstancias supone sentir el mismo miedo e inseguridad que genera, por ejemplo, tener que desplazarte junto a los vehículos por la calzada porque la acera es demasiado estrecha o el bordillo demasiado alto.

“Muchas veces es complicado acceder a las tiendas porque tienen escalones de hasta 30 centímetros, y a menos que vayas acompañado de una persona andante o te encuentres con alguien que tenga la amabilidad de subirte, es imposible acceder al interior, además corres el riesgo de caerte”, comenta Mauricio Franco, de 27 años y alumno del Centro de Recuperación de Personas con Discapacidad Física (CRMF), que se mueve por Salamanca con una silla de ruedas manual.

Este joven gallego también recrimina que en edificio públicos, como Hacienda, “los baños están arriba y no podemos acceder a ellos”. También destaca los obstáculos que sortean en determinadas calles del centro, como Serranos, “donde tienes que ir por la calzada porque además de que la acera es muy estrecha, el bordillo está muy alto y bajarlo en una acera tan estrecha es aún más complicado”.

Otra zona donde Mauricio tiene dificultades para moverse es en uno de los tramos de la avenida de Villamayor –a la altura del Hospital de la Santísima Trinidad–, “la acera tiene adoquines que están unos más bajos que otros y si se engancha una rueda te vas de cabeza contra el suelo”, subraya. Asimismo, cree que en materia de ocio tampoco se han adaptado a las personas con movilidad reducida puesto que según detalla, “pocos bares tienen adaptado el baño, y aunque será un escalón mínimo nos impide acceder a su interior”, sentencia.

Jorge González, de 24 años, tampoco lo tiene fácil para desplazarse hasta su facultad todos los días. En un tramo de 500 metros puede encontrarse hasta tres o cuatro barreras físicas, entre las que destaca por mayor número, la falta de rebajes de bordillos en pasos de peatones. “En la facultad las puertas están muy mal porque abren hacia fuera por lo que desde la silla de ruedas es imposible”, resalta. En otras tareas cotidianas, como ir a su banco, le resulta complicado “porque en muchos no puedo entrar debido a los escalones”, al igual que la altura excesiva de los cajeros automáticos. “Una de las situaciones más frecuentes es tener que ir por la carretera arriesgándome entre los coches porque los bordillos de las aceras son muy altos y no puedo bajar”, recuerda Jorge.

Coincide con Mauricio a la hora de criticar los escalones de numerosas tiendas, “imposible de subir”. además, echa de menos más rebajes en las aceras y la colocación de más rampas, “los bares de copas están muy mal adaptados”. En cuanto a los edificios públicos, lamenta que el de Hacienda tenga una máquina para sortear los escalones, “pero destinada a sillas de ruedas manuales y la mía no sirve porque es eléctrica”.

Por último, Felipe García, un gallego de 45 años que lleva en silla de ruedas desde hace más de 21 tras sufrir un accidente. “Mejor que yo no sabe nadie de discapacidades y barreras”, argumenta desde su moto. Al respecto, confirma que para él, la principal barrera que puede tener una persona discapacitada está en su carácter: “Depende de que seas generoso o amable, puede haber un escalón pero varía mucho si pides ayuda de buenas maneras”, precisa. En este sentido, Felipe deja claro que sabe que existen muchas barreras físicas, “no puedes llegar de malas maneras porque nadie tiene la culpa de que estés así, tienes que aprender a vivir con ello y conseguir sacar lo mejor de ti”.

9/01/2010. AUTORA: Eva Cañas. FUENTE: Tribuna.net

Informe SOLCOM 2011

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