Trenes de acceso restringido
Personas que se desplazan en silla de ruedas eléctrica denuncian que no pueden viajar a destinos como Madrid pese a que Renfe publicita el servicio como accesible
Mónica llegó a comprar los billetes. Y llegaron a vendérselos en la ventanilla de San Cristóbal, donde recibió, asegura, un trato exquisito. La vieron, sonrisa en ristre sobre su silla de ruedas, y le explicaron que por supuesto le proporcionarían el servicio de apoyo a personas con movilidad reducida: ayudarla a subir y acomodarla en una butaca en la que debería pasar cinco horas sin moverse ni sentir necesidad alguna de acudir al aseo, ya que el tren no cuenta ni con plaza específica para viajar sentada en su medio de movilidad ni tampoco con baños adaptados.
Aun así, Mónica, a la que una distrofia muscular degenerativa le ha restado movilidad y sumado coraje, se mostró conforme: no iba a renunciar también a su viaje a Zamora, parada intermedia del Talgo más demandado, el que comunica con la capital, con Madrid.
La decepción llegó minutos después. Muy amablemente también y pidiendo mil disculpas la llamaron para decirle cuánto lo sentían: el tren no dispone ni de un solo hueco donde transportar el elemento que le proporciona toda su autonomía: la silla. «Si fuese plegable, no habría problema, pero la mía es eléctrica, y lo es porque yo no puedo mover una manualmente».
Mónica, que trabaja en Grumico, no puede caminar, pero sí patalear: «Se les llena la boca con que Renfe ofrece un servicio para personas con discapacidad que es irreal, porque solo es verdad si no ocasiona grandes molestias: si no tienen que suprimir dos asientos, ampliar una puerta o habilitar un sitio donde llevar, aunque sea en una bodega, una silla que necesito». Ella, que prefiere hablar de diversidad funcional que de minusvalía porque «tú caminas y yo voy en silla, pero las dos nos desplazamos», ve en estos obstáculos todo un atentado contra la igualdad y una prueba más de que la discapacidad, las más de las veces, depende del entorno.
Los obstáculos del tren a Madrid no son los únicos. En vagones de cercanías, cuenta Mónica por propia experiencia, muchos cuentan con plaza para personas con movilidad reducida, pero el problema está en subir al tren: «Antes, avisabas con una hora o así, y tenías la plataforma elevadora a tu disposición, solo hacía falta que estuvieses un poco antes en la estación; ahora -añade- hay que avisar dos días antes, como si nosotros no tuviésemos que viajar por un imprevisto».
Un taxi de 500 euros
Para ella, aunque el capricho de viajar en tren debería bastar, llegar a Zamora el 26 de febrero tiene un interés más especial: lleva cuatro años tratando de lograr un perro de asistencia que le ayude a abrir y cerrar puertas, encender luces o recoger objetos que caen al suelo. No hay tren ni bus para ella, ningún avión vuela a su destino y tampoco la familia o los amigos la pueden llevar en coche, ya que su silla requiere un vehículo adaptado. El eurotaxi le costará la friolera de ¡500 euros!
R. Domínguez / Foto: Kopa. 3/2/2009 FUENTE: LaVozdeGalicia.es
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